¿Por qué cuesta estar solos?

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   ¿Por qué cuesta tanto estar solos o sentirse solos? Es una pregunta que continuamente me han hecho y que ante la situación que se vive sin precedentes, se ha reforzado aún más. Hoy, nos hemos visto en el caso de estar encerrados en el hogar, algunos a la fuerza, otros por miedo y otros más por ser precavidos y así,  separados de la familia, de los amigos o de la pareja, el mundo que se conocía cambió por completo y  la vida externa terminó casi en su totalidad o por lo menos en  mayor parte.

   ¿Y qué pasó? Pasó que nos quedamos con nosotros mismos. ¡Sí! Aunque sea con la pareja, con los hijos o los padres, realmente al quitarse el mundo externo, nos quedamos con nosotros mismos. Y eso para muchos es aterrador.

   Para no estar solos (en esta pandemia), se busca como sea y al precio que sea, ocupar el tiempo, perderlo, matarlo, con tal de que pase rápido; absorberlo en cosas que impiden estar con el propio ser  y así se busca el ruido. Las personas se hunden en las redes sociales, bajan las nuevas aplicaciones para bailar, cantar, actuar; se mimetizan con la tele, con las series o películas… pero espera… el argumento no es en contra del “hacer” cosas, (son tantas horas al día en solitud, que no se puede pasar todo el tiempo contemplando el ser, sin buscar actividades), el problema es cuando todos estos medios se utilizan para no pasar tiempo con uno mismo, para evitar escuchar-se… ¿y por qué? porque se siente terror  sentir los sentimientos (válgame la redundancia), escuchar las emociones, analizar y cuestionarse el rumbo o las elecciones o por conocer ése lado oscuro que como monstruo se encierra debajo de la cama o en el clóset.

   Se tiene miedo a estar solo… a que surga un continuo cuestionamiento de: ¿qué siento? ¿por qué siento esto? ¿dónde lo siento? ¿en qué parte del cuerpo lo siento? ¿para qué me sirven estos pensamientos? ¿a dónde me llevan? ¿cómo los manejo? ¿qué me sirve y qué no de todos los conceptos, prejuicios, vicios, juicios y más que me enseñaron o que he aprendido? No, no se quiere ver a dónde llevaría todo esto… porque probablemente llevaría a un lugar que no es agradable.

   Pero… ahí está la respuesta, ahí es dónde está el inicio de todo, ahí es donde comenzamos el gran camino, el camino de la auto-observación y del auto-conocimiento, porque resulta,  que a lo que más se huye (a lo que no se quiere ver) es lo que continuamente regresará. Pero, si se cuestiona, se analiza y se llega a una respuesta, se empieza a dar luz (o lo que en el mundo espiritual se puede llamar: consciencia). Así es, se empieza a conocer… ¿y qué es lo que se conoce? Pues a uno mismo.

    Por el momento, el mundo externo en el que se pasaban las horas y con las que se disfrazaban los sentimientos y se ocultaban las emociones, ya no está y es por eso que se tiene una excelente oportunidad para entrar en el mundo interno, que es con el que vivimos realmente. Y así como seguro limpiamos y conocemos cada parte de nuestra casa, limpiemos y conozcamos cada parte de nuestro ser.

No huyamos del sentir… de las emociones que son las mejores maestras, las que nos indican como un termómetro lo que existe en nosotros, con lo que día a día habitamos. Por eso no  hay que temer a lo que contrariamente, dará libertad.

(Te lo escribo, porque el día que dejé de temer a mis emociones y las escuché, tomé el control. Nunca más me volví a sentir sola. Disfruto el estar conmigo y  de tratar de no escaparme con ruidos externos… y digo “tratar”, porque el aprender es un continuo proceso). Gracias por leerme.

Nina

 

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